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Un Mundo de Tierra roja para disfrutar y compartir

Actualizado: 20 oct 2022


Soy Martina, tengo 36 años y acabo de regresar a Italia después de una experiencia de casi 2 meses de voluntariado en Paraguay (Admito que fui a buscar en el mapa dónde estaba exactamente).


Para mí, decidir irme como voluntaria fue como escuchar una llamada: era un deseo que tenía desde hace mucho tiempo y que pude hacer realidad. Cuando se tiene Amor en el corazón, creo que siempre es bueno saber como ofrecerlo.


Viví durante casi dos meses en un Mundo de tierra roja, diminuto y hecho de nada, donde se esconde un mundo infinito que lo tiene todo.

Sentí un calor humano increíble, como si fuera parte de una gran familia y formara parte de ella desde hace mucho tiempo.



Nunca olvidaré la dulzura del abrazo de Katy, la chica que me recibió el día que llegué.


Un abrazo que me hizo sentir inmediatamente como en casa.


"Mi casa es tu casa", me dijo. Con generosidad me hospedó una joven pareja del barrio (Katy y Miguel) con la que inmediatamente establecí una conexión profunda.


Convivir con ellos y estar rodeada de las familias del barrio (unas 50), de los niños, en aquel contexto tan difícil, marcó la diferencia en mi estadía.


Me había ido de Italia con una maleta llena de curiosidad, amabilidad y el corazón abierto para crear un intercambio de amor, sin ninguna expectativa.


Acabo de volver con la misma maleta llena de experiencia de vida.


Como una pintora que pinta sobre un lienzo completamente en blanco, así yo con paleta y pinceles, día tras día, comencé a dar forma a un cuadro donde los colores eran las miradas, las sonrisas, la generosidad, las dificultades, la sencillez, los abrazos, el entusiasmo, la acogida, la dignidad, la gratitud, la pobreza, la singularidad y el asombro de los niños y de toda la gente que conocí.


El proyecto en el que tuve el honor de participar opera en el contexto escolar.

La escuela Unipar, en el pequeño Barrio San Miguel de Capiatá, está formada por unos 65 niños de 4 a 7 años (un total de 4 cursos)


El nombre de la escuela condensa todo su valor y significado: Unipar, Unidad y Participación. Las actividades incluyen el apoyo escolar, el suministro de al menos una merienda diaria, el refuerzo a capacidades cognitivas de cada niño y una dedicación ilimitada por parte de las profesoras Nancy, Lety, Francisca, Gabriela y la Directora Yamile (y lo mismo vale para los voluntarios y todos los que forman parte de la escuela).


"Aprender Jugando" es el método que utiliza esta escuela.

Me fascinó de inmediato y me dejé llevar y entusiasmar en crear mis propias lecciones.


Era la única italiana, la única voluntaria, con la dificultad del idioma (llegué allí sabiendo tan solo un puñado de palabras en español), tenía otra profesión en la vida (soy agente de viajes), y de golpe me encontraba en todo otro contexto, con condiciones y costumbres diferentes... ¡para mí fue todo un reto!


Yo era la "Profe Martina", la Profe de gimnasia e inglés.


Junto con la Directora de la escuela, encontré "espacio, forma y color" en el proyecto.

Todo sucedió de forma muy natural, como si estuviera fluyendo.

Me sentí a gusto, 100% libre de expresarme, de ser verdaderamente “yo”.


Cada día me dedicaba a pensar y crear una lección específica para la edad de la clase, algo que fuese nuevo y estimulante para los niños, traduciéndolo del italiano al español (siempre llevaba conmigo un cuaderno lleno de notas y apuntes), utilizando ideas y materiales que encontraba mientras iba paseando y observando lo que tenía a mi alrededor.


Las personas y los niños tuvieron la capacidad de hacerme sentir "yo" al otro lado del mundo y, tal vez, consiguieron sacar a relucir una de las mejores versiones de mí.



Con los más pequeños realizaba lecciones orientadas a estimular la curiosidad, la imaginación, todos los sentidos (olfato, tacto, oído...), además de involucrarlos activamente.



Con los mayores nos dedicamos a la gimnasia para desarrollar la coordinación, el espíritu de equipo y la cooperación, combinándola con clases de inglés y geografía (¡al menos para que entendieran de dónde venía!).



Y cuando los niños me preguntaban: "Profe Martina ¿Cuándo tenemos clases juntos?", "Profe Martina si no tienes tu cuadernillo hoy significa que no hacemos gimnasia?", "Profe Martina ¿te sientas a mi lado en clase?", "Profe Martina ¿no tienes nada para merendar? ¡Te daré un trozo de lo que tengo yo!", "Profe Martina gracias por todo el amor que nos diste"...me hicieron sentir viva.



>> Este artículo continuará. ¡Espera a leer la segunda parte!

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