Mi aventura en México

 

Mi aventura por México comenzó el 21 de agosto de 2018. Al inicio estaba como esta taza: el primer viaje largo y sola; la primera vez lejos de casa por tanto tiempo, sin saber en detalle qué tendría que hacer y con quién estaría. En pocas palabras, no es que yo no estuviera entusiasmada con la idea de aquello que sucedería, pero también tenía muchas dudas y ansiedad

Apenas llegué al aeropuerto de Ciudad de México conocí dos chicos italianos que se después se convirtieron en mis compañeros de aventura durante todo el mes y medio de mi voluntariado. Desde ese momento las cosas empezaron a mejorar porque entendí que la ansiedad que tenía era normal y común, y por eso no tenía ningún motivo para preocuparme. Efectivamente, no tenía mucha información sobre aquello que debía hacer en el lugar donde estaría, porque yo misma tenía miedo de hacerme expectativas que después no fueran reales.

 

El primer día pude conocer la ciudadela El Diamante que fue mi casa durante todo el tiempo. Un lugar encantador; fue como un oasis que me permitió no sólo sentirme como en casa, sino también, vivir una experiencia de vida de comunidad que hasta el momento no había experimentado. Conocí muchas personas, todas excepcionales y no miento cuando digo que siempre estaban dispuestas a ayudarme, aun cuando debía preparar algún material para los niños del jardín. Igual que como lo hicieron los dos tutores che me acompañaron y me ayudaron no solo en las cosas prácticas, sino también a hacer que disfrutara al máximo todo el tiempo que tenía a disposición.

 

También durante el primer día exploré el pueblito que queda cerca de la ciudadela: Acatzingo. El primer impacto no fue el mejor porque por primera vez me sentí extranjera entre la gente y esto me hizo sentir extraña, además es un pueblo muy diferente de aquellos que siempre he visto y por tanto, era casi imposible no quedarse un poco afectado. Sin embargo, en pocos días aprendí a conocer mejor los diferentes lugares: la plaza, el mercado, los negocios y así cambió mi idea inicial: un pueblo sin duda diferente, pero con muchas bellezas por descubrir. Esta frase, pienso, vale para todos los lugares que conocí; no es que visité muchos puestos, pero quedé fascinada con los lugares, la cultura y las personas que conocí.

 

 

Hasta aquí les he hablado sólo de los primeros días. La verdadera aventura fue la experiencia de voluntariado, porque todo aquello que he dicho hasta el momento es sólo una pequeña parte de todo lo que viví. Tuve la fortuna de estar en el Colegio Santa María, una escuela que reúne niños desde el jardín hasta la secundaria. Yo estaba con los niños de 4 años, es decir, en el segundo año del jardín, y era el apoyo de la maestra en todas las actividades. El tiempo que pasé en la escuela es prácticamente indescriptible… las actividades que hacíamos eran muy sencillas: juegos, dibujos, bailes, pero aquello que me dejaron los niños, y en general todas las personas que trabajaban allí es más grande que todas las actividades juntas.

Me enseñaron a apreciar las pequeñas cosas, a ser feliz en la simplicidad y que de verdad el amor hace la diferencia. Aún si me ocupé solo de una clase, tuve la posibilidad de conocer toda la escuela y sus diferentes actividades, y fue muy lindo para mí, entender que la intención es precisamente dar todo lo mejor para los niños/chicos, esperando que después esto se refleje  hacia afuera en toda la comunidad. Todo esto, desde mi punto de vista, es una fuente de esperanza.

No creía que en tan poco tiempo se pudieran crear relaciones tan fuertes, pero apenas me di cuenta que todas las diferencias, que no podía dejar de ver al inicio, eran la verdadera riqueza, me doné completamente y  pude vivir intensamente cada día, y es justamente por esto que todo anduvo bien.

La taza del inicio es un regalo que me hicieron los habitantes de la ciudadela, y su color, aparentemente, esconde una sorpresa: tantas fotos que describen mi experiencia.

 

Aún ahora me siento como esta taza. Ya casi ni me acuerdo bien de los temores y miedos del inicio; en el corazón llevo muchos rostros, tantas historias y tantas emociones. Esta experiencia de voluntariado me permitió descubrir muchas cosas, no sólo de México, sino también de mi misma. Me llevé a casa nuevas tradiciones, nuevas amistades, pero también una nueva mentalidad y un corazón lleno de vida.