Bolivia: Más que una comunidad, una familia

 

Antes de viajar sentía miedo a lo desconocido y un poco de inseguridad por lo que estaba a punto de vivir, así mismo, sentía un reto personal de hacer algo diferente con mi vida, salir de la zona de confort para donarme a los demás, me dejaba guiar por aquello que quería y que varios amigos me habían ayudado a decidir, ahora que lo pienso la única expectativa o propósito de este viaje fue hacer la voluntad de Dios.

Recuerdo que al llegar fui recibido por un matrimonio joven que enseguida me inspiró confianza, y gracias a ello se desvaneció el miedo a aquello que no conocía, sin embargo, la incertidumbre siguió presente, puedo decir que la gente que conocí fue un punto clave para mí ya que conforme pasaban los días ellos hacían posible que se borraran estos miedos.

Me llamaba la atención que, a pesar de las diferencias culturales, las personas confiaron en mí, les aseguro que allá encontré más que una comunidad, encontré una familia que vive concretamente el amor, ellos me hicieron sentir rápidamente como en casa, Luigino Bruni, economista italiano, una vez dijo, (…) “la relación con los otros hombres es decir la amistad, la reciprocidad, es la más grande de las virtudes”, mismo que se hizo realidad.

Después vino esa parte del trabajo, el que desarrollé en el centro “Rincón de luz” un lugar que académicamente brinda ayuda a niños de bajos recursos. Me integré al lugar de la misma manera que se vive al conocer un nuevo amigo, que confía en ti y hace que tu comiences a  confiar en él.

En ese lugar se crearon lazos de fraternidad y un compromiso mutuo, realmente más que una organización fuimos un equipo, de esos equipos deportivos donde cada uno juega una posición, todos se apoyan y son igualmente importantes dentro del juego.

Pienso que lo más hermoso y difícil de esta experiencia fueron los niños del centro “Rincón de Luz”, digo hermoso porque fue grandioso conocerlos y difícil, porque a pesar de que ya ha pasado un mes de haberme ido, me parte el corazón ya no verlos; sin embargo, me reconforta que están en excelentes manos y que habrá más personas haciendo esta experiencia de donación para con ellos.

Recuerdo que en esos días en los que me encontraba viviendo la experiencia en Bolivia, aprendí paso a paso el saberme posponer por el otro, mediante varias vivencias, una de ellas fue cuando a raíz de un fraude electoral, a lo que algunos llamaron golpe de estado, viví un paro nacional manifestado por los ciudadanos, y en esos días de bloqueo civil, me sentía intranquilo; por mi mente pasaba la duda de comprender ¿cómo puedo ayudar? Entonces me puse a hacer lo que sentí que era mejor para todos, es decir, para los que estaban haciendo el paro nacional y para los que estaban en contra del mismo.

Apoyé en uno de los bloqueos de una avenida importante de la ciudad, eventualmente conocí más personas y ayudé a que entre ellos no se viviera tanta agresión, doné tiempo, paciencia, silencio y sonrisas, me puse en los zapatos de cada uno de ellos, como Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, dice, “hacernos uno con el otro, y para eso entonces hacerse nada primero”.

Con el paso del tiempo la gente se sintió muy identificada conmigo, yo viví desde otro punto de vista esta trágica situación que históricamente dejó una huella en el país.

 

Al final de la experiencia no quería dejar el centro “Rincón de Luz”, me sentía parte del mismo y me costaba trabajo dejarlo, volvieron estos sentimientos encontrados, sentí dolor, angustia y alegría, porque sabía que extrañaría mucho a los niños, pero también sentía alegría de haber tenido la oportunidad de vivir esta gran experiencia para poder compartirla de ahora en adelante.

Puedo decir que hubo muchos frutos de la misma, y reafirmo que donarme a los demás me ha hecho feliz, por eso puedo decir que las expectativas han rebasado por mucho lo que pensaba que podría vivir. De esta experiencia me llevo el amor, el que recibí y el que entregué, porque creo que es lo único que posiblemente trascienda en el tiempo.

Ahora los saludo desde la Mariapolis Lia, en Argentina donde estoy continuando mi voluntariado Milonga. Les estaré compartiendo mi vivencia aquí.

 

Marquito Tapia