5 años aprendiendo a bailar la milONGa de la fraternidad (II parte)

 

Un breve recorrido por la historia del programa de voluntariado internacional que ha marcado el ritmo entre los jóvenes y la acción social

En nuestra primera entrega conocimos por qué y cómo nació este programa de voluntariado internacional; descubrimos además el significado de su nombre y la riqueza intercultural que lleva implícita. Hoy queremos adentrarnos en cuál es la novedad de milONGa, por qué es diferente a los tantos programas de voluntariado que los y las jóvenes pueden encontrar hoy y  cuáles han sido los momentos más significativos de esta historia.

¿Por qué pensar en un voluntariado internacional en clave de fraternidad?

Porque consideramos que es un ingrediente fundamental en la transformación social. Los procesos de cambio y de justicia social resultan incompletos sino se tiene en cuenta que la vulnerabilidad social es fruto de lazos sociales débiles. En este sentido, fortalecerlos, promoverlos es una manera de animar o de despertar el sentido de hermandad no solo a nivel local, sino más allá de fronteras. Somos cada vez más conscientes de la interdependencia entre los pueblos; los procesos migratorios cada vez más nos demuestran la necesidad de reconocernos hermanos y hermanas.

Hacer una experiencia de voluntariado internacional favorece el contacto con diferentes situaciones de vulnerabilidad social y al mismo tiempo con diferentes pueblos, culturas y por qué no, con la raíz histórica de muchas desigualdades. Desde esta perspectiva, una propuesta que apuesta a la igualdad y a la equidad, responde a una lógica que no es más una ayuda de norte a sur, sino que tiene una direccionalidad múltiple  norte-sur/sur-norte, norte-norte, sur-sur, cuyos actores, además, se reconocen iguales y por tanto todos tienen algo para dar y mucho para recibir.

¿Cuál es la novedad de este programa de voluntariado?

Nos parece que varias. En primer lugar ésta que decíamos anteriormente: una lógica de direccionalidad múltiple que además apunta al reconocimiento del otro como un igual y por tanto, en donde las relaciones se tornan recíprocas; y, por otro lado, nos parece que otro factor innovador es el aspecto de la formación que se da en todas las fases del voluntariado –antes, durante y después- y a todos los actores, principalmente, claro está, a los y las voluntarias que se enfrentan a muchos desafíos.

 

¿Cómo se estructura esta propuesta formativa?

Desde el comienzo del programa la propuesta era que no fuera solo un voluntariado que realiza acciones sociales sino que tuviera un componente formativo. Gracias al contacto del programa con la experiencia de Aprendizaje y Servicio encontramos los fundamentos pedagógicos en los cuales basar nuestra propuesta la cual se articula con los valores que promueven la fraternidad desde el carisma de la unidad.

En estos 5 años hemos ido elaborando algunos contenidos, actividades que complementan y estimulan a quienes participan en el programa a hacer una experiencia profunda, explorando un poco más sobre cómo hacer que esta forma de servicio se vuelva un estilo de vida.

Pensando en estos 5 años ¿Cuáles han sido los momentos más importantes del programa?

En primer lugar, cuando a finales del 2015 lanzamos la propuesta. Aún no teníamos claro si íbamos a contar con algún financiamiento internacional, pero nos parecía importante poder favorecer este contacto entre los jóvenes, deseosos de donar su tiempo y hacer un servicio social,  con las organizaciones sociales que anhelaban este tipo de colaboración.

Una vez lanzada la propuesta nos sorprendió la respuesta rápida de los jóvenes, así que en el 2016 se iniciaron las primeras experiencias de voluntariado en Bolivia y Brasil. A partir de ese emocionante momento, no hemos parado de hacer magníficas experiencias con cada uno de los y las voluntarias.

Otro momento importante del programa fue la creación, en el 2018, de un equipo de gestión internacional. El desarrollo del programa, la construcción de los instrumentos, herramientas de gestión, etc., son fruto de un camino colaborativo. Cada uno de los que han pasado por el programa han dejado un aporte, y eso enriquece mucho la propuesta. No es algo diseñado desde el escritorio, sino desde y con la experiencia que algunos traíamos en este campo y la que hemos adquirido en el camino.

En este sentido la participación y compromiso de los voluntarios y voluntarias que han pasado por el programa ha sido fundamental, también ellos con sus experiencias y sugerencias han permitido mejorar la propuesta.

Y sin duda, un momento muy importante, que ha sucedido recientemente, es la creación de la oferta on line. La pandemia nos puso en el desafío de seguir favoreciendo el contacto entre el impulso de donarse y ponerse al servicio y la necesidad de las organizaciones. En un contexto de movilidad reducida y de riesgo, estas dos necesidades seguían existiendo y era para nosotros un motivo para encontrar nuevas formas. Gracias a un convenio con la Escuela Social de Jóvenes El Diamante, hemos logrado hacer una experiencia piloto y el los próximos meses estaremos lanzando la oferta más ampliamente para seguir tejiendo lazos.

Precisamente sobre esto hablaremos un poco más en nuestra próxima y última entrega, así que todos y todas pendientes que aún queda mucho por conocer sobre la historia de este baile intercultural.